jueves, 3 de abril de 2014

Estampas de Oporto

Si estuviéramos encontrándonos en un blog normal, a continuación me dedicaría a colgar una tras otra todas las fotos de mi reciente viaje a Oporto, las cuales estarían sobre iluminadas, con fondos blancos salpicados de toques de flores o comida colorida y yo saldría effortlessly-chic, es decir, estupenda pero como sin pretenderlo y apenas con un solo disparo del Iphone. Sin embargo, ya llevamos mucho tiempo juntos así que, vamos directos a lo que realmente valió la pena del viaje:

1) Maniquíes adictas a la meta-anfetamina: no te digo yo que mi actual adicción a "Breaking bad" no esté influenciando mi percepción del mundo real, pero yo juraría, a tenor de las pruebas fotográficas que presento su señoría, que estas maniquíes le dan al cristal cosa seria.

Nos reíamos de los maniquíes de Miami y sus pechos inconmensurables cuando el verdadero drama está en Oporto. La historia de siempre: las fichan jóvenes, lejos de sus familias, encadenan trabajos y fiestas y acaban así como las veis, dando auténtico MIEDO desde el otro lado del escaparate.


2) La publicidad sutil es una pérdida de tiempo: ¿quién necesita publicistas y visual merchandisers cuando tienes tres balcones a la calle en pleno centro? Sé claro, conciso y contundente y te ganarás a tu público de inmediato; sería conveniente que antes te cerciorases si tu público objetivo sabe leer, pero esos pequeños detalles son los que se liman solos con el tiempo. Ahora sólo tendrás que sentarte detrás del mostrador a esperar a que lleguen los hinchas del Oporto a comprarse toneladas de trajes de chaqueta por 45€, es más, mejor espera de pie porque no van a parar de entrar.



3) En Oporto hay un club al que Groucho Marx hubiera querido pertenecer: No tengo nada más que añadir, salvo completar mi solicitud, adjuntar CV y perfiles sociales y cruzar los dedos para que me admitan. Ralpi, nos vamos a llevar muy bien.



Declaro Oporto nueva ciudad condal.