martes, 1 de abril de 2014

MI francés y yo


Que chapurreo francés es una de las mentiras más fragrantes y gordas con las que gusto de juguetear junto con cifras bailantes sobre mi edad. No lo hablo, lo escupo, y nisiquiera eso, mi léxico se limitará a unas 35 palabras (las cuales, bien combinadas, me salvaron de una entrevista de trabajo hace unos años) pero tengo una técnica infalible que os recomiendo para salirte con la tuya: el pppffffff.
El “pppfff” sólo funciona en París, no lo he puesto a prueba en el resto de Francia y sospecho que sólo funcione entre L'arc de triomphe y la Ille de Paris (sí, uno de mis trucos es decir sitios típicos que todo el mundo conoce en francés). Consiste en hablar con cara de MUY pocos amigos de entrada, con la boca extremadamente cerrada, masticando con asco las palabras y, sobre todo, ante cualquier respuesta incomprendida del interlocutor entornar los ojos con desagrado y soltar un “pppffff” largo y claro. Acto seguido, repetir lo que pretendías decir e ir aumentando el desagrado de los “ppfffs” por cada nueva falta de entendimiento.
De nada, quiero decir, de rien.


En Starbucks me ha dado muy buenos resultados siempre, comprando crepes de Nutella también, pero no fue hasta mi penúltimo viaje allí que me sirvió para arrancarle la más sonora carcajada a un taxista cuando, al no saber decir 111, le pedí que me llevara al número "un-un-un" de la Rue de Rivolí.

Menos mal que aún quedan taxistas con sentido del humor.