lunes, 20 de octubre de 2014

Sobre la madurez y el cambio de armario de temporada

He madurado, y me he dado cuenta de ello la semana pasada cuando hice el cambio de armario de primavera/verano a otoño/invierno. Si hay algún hombre leyendo estas líneas ahora mismo se estará preguntando en qué consiste la actividad que acabo de describir y es que, inexplicablemente, los hombres las prefieren rubias y no hacen cambio de temporada de su armario, no lo necesitan o al menos eso es lo que creen ellos. Su concepto de ordenar el armario consiste en ir apilando las bermudas al fondo cuando es invierno y los jerseys cuando es verano. Ya está. Por eso son unos inmaduros, eah, así me atrevo a anunciarlo sin paños calientes con la superioridad moral que me da tener mi armario de invierno no sólo perfectamente ordenado sino, éste años además, también editado.

Mi guía espiritual en este proceso de madurez estilística ha sido Victoria Beckham, si ella ha podido, yo también.

La madurez amigas, la madurez, esa maravillosa sensación de relax cerebral que disfruto, como os decía al principio de éste artículo, desde hace pocos días. No fue el hacerme autónoma, ni montar mi propia empresa, desde luego tampoco casarme ni, aunque podía parecerlo pero al final resultó que tampoco, tener una hija; fue, tal y como os digo, el proceso de editar mi armario el que me hizo darme cuenta de que, ¡oh sorpresa!, por fin soy una mujer adulta.

Todo empezó en realidad allá para el pasado mes de junio cuando fui a realizar justo el proceso opuesto al reciente y me dediqué una tarde entera a sacar la ropa de verano. Qué asco me dió aquello, vaya sarta de trapos asquerosos que se pasearon por mis manos, tragué como pude e hice una selección cuasi decente pensando que total el verano uno se lo pasa medio desnudo cual animal asilvestrado por la playa, así que daba igual lo que me pusiera. Las fotos hechas éste verano no me dieron la razón cuando al verme reflejada en ellas me embargaba un sentimiento maternal de lástima; así que cuando la semana pasada tuve que hacer el cambio de armario pensé: hasta aquí hemos llegado.

Cual jurado de "Fashion Police" y con con el acento alemán de Hedi Klum en "Project Runway" fui sacando guisas y separándolas en dos montones: "Me deprime ponerme esta ropa" y "No me deprime ponerme esta ropa". Sin términos medios, sin concesiones, nada de un montón intermedio para "bueno igual para tal día o a lo mejor una noche que refresque o si un día voy al campo". NADA. Sí o no. Vida o muerte. Pulgar mirando al cielo o al infierno.

Así que me he quedado con 22 perchas en el armario, 22, el Dúo Sacapuntas estaría orgulloso de mí. Teniendo en cuenta que de esas 22 perchas casi la mitad son chaquetas, os aseguro que estoy haciendo tantas combinaciones y permutaciones en éstos días que mi profesora de álgebra de la universidad se sentiría orgullosa.

De todo éste proceso que en principio puede pareceros trivial he sacado varias conclusiones valiosas:

1) Las camisetas de los grandes almacenes tienen las costuras vivas y después de lavarlas se retuercen tanto que tienes que caminar haciendo el twist para que te queden en su sitio. Parecer que has perdido una partida del Twister a perpetuidad no es digno, tíralas.

2) Los pitillos no los debes llevar en otro color que no sea azul, negro o gris, todo lo demás grita "hora del recreo" desde lejos y no apetece volver a pasar la Selectividad.

3) Los pantalones "boyfriend" los han llamado así para tratar de disimular que son los "pantalones cagados" de toda la vida y que, por lo tanto, si no tienes un trasero que mida menos de 90cm de contorno vas a ir hecha el novio del basurero. Di no a los vaqueros de término medio, o te quedan como una diosa o has tirado el dinero.

4) Los jerseys petados no son así porque los quisiste comprar así, sino porque alguna vez la liaste parda con el programa de la lavadora y se han reducido dos tallas, asúmelo y deja de fingir que aún se pueden usar.

5) Si la cremallera no sube con gracia la prenda te está pequeña. Quieres respirar en cualquier situación del día a día, sí, incluso sentada en la mesa de la oficina después de comer, resulta que se puede, para ello tienes que sincerarte contigo misma y reconocer que "eso" te está pequeño. Fuera.

6) Esa cosa que "no te desagrada del todo pero que combinada con ésto o aquello y puesta en la ocasión indicada puede quedar genial" es en realidad un asco que a los 40 minutos de llevarlo puesto te va a deprimir. Tienes un arma potencialmente desmoralizador en tu armario, no le des la más mínima oportunidad de comerte la moral.

7) Lo que llamas "mono" es en realidad un trapo con pretensiones, lo que catalogas como "divertido" es una horterada que a tu edad maldita la gracia que tiene, aquello que crees que es "trendy" se acerca peligrosamente a la mamarrachada. Todo es más sencillo, o es un "SÍ COMO UNA CASA" o un "fuera de aquí que me deprimes"

Así tiré todo mi armario pre-madurez y juré no volver a caer en la tentación de la cantidad frente a la calidad, al ver mis escasas pero buenas prendas colgadas en el armario, sentí una luz que caía sobre mí que decía con la voz de Gwyneth Paltrow, "por fin hija mía, por fin, bienvenida".

Hello, soy madura, ¿no se me nota? El vaquero no me aprieta, la camisa es de algodón 100%, la chaqueta de terciopelo de La Condesa y casi como único complemento llevo un relojazo que me han regalado en Suárez (así cualquier madura, ¿eh? pues aún así no creas que no me ha costado)

Con ésto os avanzo ya que la colección del próximo invierno se va a llamar "las prendas que Marina necesita en el armario porque ha tirado todo lo que se compró cuando tenía menos de 30 años y tiene que cubrirse el cuerpo con algo para no ir semi desnuda sólo con una chaqueta sobre los hombros"

Buen comienzo de semana, prended las cerillas del armario que os quedáis más agusto que un arbusto

La Condesa madura